Sin clases, por justicia

4 10 2007

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A 6 meses del asesinato de el profesor Carlos Fuentealba por fuerzas policiales,a 24 dias de las elecciones, donde Sobisch se presenta con total impunidad, donde se demuestra una vez mas que la palabra JUSTICIA ya no existe en los diccionarios argentinos.
Se destruyen las mejores armas del pueblo: la verdad y la educación.
La desaparicion de López, nos acerca una temible sombra de inseguridad, pero inseguridad que calla, que mata, que crea desesperanza, no esa inseguridad que los candidatos prometen frenar con sus miles de policias en la calle, que la prensa alienta con el ajusticiamiento por mano propia, que mata niños, jovenes y adultos sin futuro, victimas de la exclusion social.
Se ataca la consecuencia y a la vez, se matan profesores, que flamean la bandera de la educación y reclaman mejoras salariales, y testigos de la verdad contra los represores.
Pero, lamentablemente, todo sigue igual, y la conciencia no es la caracteristica que describe al argentino medio.
En un dia de duelo, por el asesinato de un trabajador, los padres mandan a sus hijos a los colegios privados, porque dicen que pagan para que ellos tengan clases.
Los niños que no van, se ponen contentos y nadie les explica el porque del paro.
Y seguimos mirando nuestro ombligo individualista y nos sentimos solidarios por darle una moneda a un chico de la calle. La ignoracia también ayuda.
Todo tiene que ver con todo.
Espero es que se haga Justicia por la muerte del docente y que aparezca con vida el heroico albañil, porque lo que no quiero perder son la utopias.

Julieta A. Fernandez





Discriminación precoz

28 09 2007

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En cifras: 67% a los gitanos, 55% a los judíos, 52% a los orientales (ya sean chinos o coreanos), y otro tanto a los bolivianos, peruanos, paraguayos y chilenos. Estas son los porcentajes que la UBA (Universidad de Bs. As.) dió a conocer tras una encuesta realizada a un total de 4.971 adolescentes que cursaban sus estudios secundarios en 85 escuelas públicas de 21 provincias de nuestro país. Y, lamentablemente, no sorprenden.
¿Quién no escucho a cualquier persona, discriminar de forma arbitraria? Parece común y corriente esta situación, pero si los adolescentes de Argentina piensan (por decirlo de algún modo) de esta forma, el adjetivo correcto es preocupante.
Podemos suponer varios motivos para esta xenofobia y entre ellos estarían sin duda, la ignorancia. Esta hipótesis pone en duda el papel de la educación, de las instituciones y a la vez, el de la propia casa. Lo curioso es que las edades promedio de los padres de estos jóvenes nos da la idea de que estuvieron en un país al mando de gobiernos militares, principales discriminadores, torturadores y asesinos de miles de personas por tenes ideas diferentes. A treinta años de ese infierno, esas mismas personas “abrazan” a las madres y abuelas de Plaza de Mayo en su lucha, y al actual pte. Kirchner con su exitosa campaña a favor de los Derechos Humanos (como si los niños muertos por desnutrición, las villas, la desocupación, la excusión social no violara sus derechos). Lo cierto es que parece algo contradictoria esta mentalidad.
El patriotismo fanático de ciertos sectores de la sociedad a comunidades tan dañadas por la historia, genera impotencia. Desde la época de la colonia que se enseña en las escuelas, desde los tan conmemorados “Dias de la Raza”, desde “Civilizavión y barbarie” del procer llamado “Padre del aula”, Domingo Faustino Sarmiento, hasta el atentado en la AMIA y la Embajada de Israel, a los argentinos se nos nota la veta hitleriana.

Julieta A. Fernandez








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